Del Caso David Sánchez a la Realidad de Ejea de los Caballeros
Hoy, 14 de julio de 2026, ha salido la sentencia contra David Sánchez, hermanísimo del presidente del Gobierno, condenado por colocarse a dedo en un claro caso de enchufismo. Mientras unos consideran la pena de nueve años de inhabilitación demasiado dura, otros la ven justa. Pero más allá del debate sobre la proporcionalidad, el verdadero problema radica en los efectos perversos de esta práctica endémica en España.
Yo quiero poner mi énfasis, no en la chapuza de su contratación, que evidentemente es. Mi pensamiento se va para aquellas personas que se presentaron a esa plaza, puede que tuvieran mucha necesidad, quizás pusieron todos sus esfuerzos en ella, en el mundo de la música el trabajo no abunda, no he escuchado ni visto por escrito esta reflexión ¿ha pensado alguien en esos chicos y chicas que se presentaron a la plaza? ¿Nadie tiene en cuenta el sufrir de esos otros concursantes? Nadie siente ni un mínimo atisbo de lastima o empatía por ellos.
El enchufismo no es solo un favor a un familiar o afín. Es una enfermedad que corroe la meritocracia, destroza la igualdad de oportunidades y genera un profundo desánimo social. En el caso de David Sánchez, otras personas se presentarían a esa plaza pública con ilusión, preparando oposiciones o procesos selectivos con mimo, invirtiendo tiempo, dinero y esfuerzo. Su esperanza se evaporó al comprobar que el puesto parecía diseñado a medida. Esa frustración no es anecdótica: es el pan de cada día para miles de familias.

Como Ejea de los Caballeros. Más de 35 años gobernada por el PSOE, este municipio ilustra la cronificación del problema. Es recurrente y conocido que prácticamente todas las ofertas de empleo dependientes del Ayuntamiento, puestos en Aquagraria, puestos en el ayuntamiento, en Sofejea, en Residencia Elvira Otal, trabajos en la ciudad deportiva, en contratos temporales, plazas fijas o colaboraciones, hasta los puestos de socorrista o entrar a la escuela taller esta contaminado, nada se escapa a su control, si tus afinidades políticas son contrarias por tu pensamiento o por tu familia, «date por jodido«, que no se enteren, estas fuera ipso facto. Los puestos se orientan sistemáticamente hacia personas cercanas al partido, dejando fuera a quienes no forman parte del “régimen” local.
Imagina a un joven de Ejea de los Caballeros que, tras años de formación, se presenta a una plaza municipal del pueblo. Estudia, se sacrifica y compite con honradez. Solo para descubrir, una y otra vez, que el seleccionado es la cuñada y el cuñado de la concejala, la mujer del alcalde, el marido del alcaldesa, o el militante del partido o el amigo del amigo, ¿Qué mas da?. Esa persona no solo pierde una oportunidad laboral: pierde fe en el sistema. Su familia ve cómo el esfuerzo se diluye frente al amiguismo. Se genera resentimiento, emigración de talento y una sociedad estancada donde el mérito importa menos que el carnet.
«Realmente es desesperante»
Los efectos perversos son devastadores. Desincentiva la preparación, fomenta la corrupción y perpetúa desigualdades. Mientras las élites o sea ellos colocan a los suyos, las familias normales vemos coartados nuestros derechos más básicos. Nadie parece alzar la voz con fuerza por esas personas anónimas cuya ilusión se va “al garete” una y otra vez.
España en general y Ejea en particular necesitan de una regeneración democrática absoluta. Transparencia total en los procesos selectivos, auditorías independientes y sanciones ejemplares. Porque cada plaza robada no solo beneficia a uno: empobrece a toda una sociedad. El caso David Sánchez no es aislado; es el espejo de lo que ocurre en Ejea de los Caballeros y en cientos de municipios. Es hora de poner el foco en las víctimas silenciosas del enchufismo.
Ah, a ti no te preocupa y te parece normal porque no lo has sufrido, deja pasar el tiempo, tarde o temprano toca a todos la injusticia.