En Ejea de los Caballeros hemos tenido muchas cosas buenas a lo largo de la historia, regadío, buena huerta y mejor gente. Lo que no sabíamos es que también teníamos un santuario como Lourdes. Porque lo que ha ocurrido con nuestra alcaldesa, la Sra. Teresa Ladrero, solo puede explicarse por intervención divina. O por algo mucho más terrenal, el instinto de supervivencia de aquella a quien los representantes de PP llegaron demasiado tarde.
Años hace ya que de origen, por la mañana tuvo la llamada del antiguo líder del PP en Ejea, a medio día se reunió con los representantes del PAR y por la tarde fue turno del gran Lamban y con él se quedo, lo que podía ofrecer este ultimo era insuperable.
Les cuento una historia. Yo la viví en primera persona.
Primavera de 2017: la cruzada contra el “despropósito”
Corrían los meses previos a las primarias del PSOE. Nuestra alcaldesa, con un celo que ya quisiéramos para los asuntos municipales, cogió el teléfono y fue llamando, uno por uno, a los afiliados de Ejea. ¿El objetivo? Recoger avales para Susana Díaz, como mandaba desde Zaragoza el entonces secretario general, Javier Lambán.
Yo, que llevo en este partido desde los 24 años y ahora tengo 64, recibí esa llamada. Y escuché, con estos oídos, lo que entonces pensaba nuestra regidora de Pedro Sánchez, que era un despropósito, por sus formas y por su manera de asaltar el partido. Que era un desalmado político. Que no tenía escrúpulo alguno. Que sería capaz incluso de sumar a Bildu a su proyecto y de pactar con los independentistas y otras lindezas de las que no preste atención.
Hay que reconocerle una cosa a la alcaldesa, como pitonisa no tenía precio. Como persona de convicciones, ya veremos.
Le di mi aval, lo confieso. No le presté demasiada atención; uno es disciplinado y entonces pensábamos que avalar no era votar. Y efectivamente no lo era. Cuando llegó la hora de la verdad, en la intimidad de la urna, parte de los socialistas ejeanos votaron a Pedro Sánchez. Lo veíamos como un soplo de aire fresco frente a una Susana Díaz que nos sonaba a más de lo mismo. Fuimos sanchistas cuando ser sanchista en Aragón se pagaba caro.
¿Y tan caro?, a unos los echaron del partido, muchos otros lo hemos ido dejando.
La discípula más aplicada
Ganó Sánchez, y Lambán se convirtió en su gran antagonista dentro del partido. Y nuestra alcaldesa, fiel como la sombra al cuerpo, siguió sus pasos. Si Lambán fruncía el ceño, en Ejea se fruncía el ceño. Si Lambán criticaba Ferraz, en Ejea se criticaba Ferraz. Nunca una alumna copió tan bien los apuntes del profesor.
Lambán, que tenía la lengua afilada, solía reservar la palabra “lacayo” para otros. Qué ironía que la etiqueta le encajara tan bien a quien tenía más cerca.
El milagro
Y entonces, tras el fallecimiento de Javier Lambán, ocurrió el prodigio. Sin previo aviso, sin un mal comunicado, sin una sola explicación pública, nuestra alcaldesa amaneció un buen día sanchista. Sanchista de toda la vida, por lo visto. Sanchista de cuna.
Aquel “desalmado político” se convirtió en líder indiscutible. Aquel hombre “sin escrúpulos” pasó a ser referente. Y aquellos pactos con independentistas que tanto la escandalizaban en 2017 dejaron, de repente, de quitarle el sueño. «Pablo camino de Damasco tardó más en caerse del caballo».
Uno se pregunta qué pudo provocar semejante revelación. ¿Una relectura profunda del proyecto socialista? ¿Una noche de pasión y reflexión ideológica? ¿O, quizá, la cruda constatación de que, muerto el padrino, convenía buscar otro antes de quedarse a la intemperie? Que cada lector saque sus conclusiones.

Y mientras tanto, los de siempre
Lo más delicioso de esta historia es el final. Los que apoyamos a Sánchez cuando nadie en la federación aragonesa daba un duro por él, los que nos jugamos el tipo votándole contra las consignas, estamos relegados, algunos de nosotros con gran placer, algunas cosas no entran por mucho que empujes.
¿Y la alcaldesa? La alcaldesa ha encajado en las listas con la naturalidad de quien siempre estuvo ahí. Los que lo detestaban han sido recompensados; los que lo apoyamos desde el principio, ignorados. Si esto fuera una novela, el editor la devolvería por inverosímil.
Moraleja para afiliados con memoria
En política hay dos tipos de personas: las que cambian de opinión y lo explican, y las que cambian de bando y esperan que nadie se acuerde. Lo primero es legítimo y hasta honrado. Lo segundo tiene nombre, que cada lector utilice el adjetivo que quiera.
Nuestra alcaldesa no ha cambiado de ideas: ha cambiado de temperatura. Y la temperatura que busca siempre es la misma, la del calorcito de la nómina pública y el cargo bien asegurado.
Algunos seguimos añorando una socialdemocracia real y practica, humana pero con los pies en la tierra, de los que creen que las convicciones no se cambian con el inquilino del despacho. Nuestro compromiso social y humano no se ha perdido, pero tampoco hemos perdido la dignidad como otros. Y que conste en acta. En Ejea tenemos memoria, y algunos todavía guardamos las llamadas de 2017.