Limitación de mandatos o muerte social

Ocho años y a tu casa

Manuel Vilas escribía hace poco en La Ronda del Heraldo de Aragón que nadie debería estar en el poder más de 8 años, que las democracias deben vigilarse y que lo demás es amor a ti mismo pero no amor a tu pueblo. Si Vilas se diera una vuelta por Ejea de los Caballeros, tendría que multiplicar su indignación por cuatro.

Treinta y cinco años. Es lo que lleva el psoe gobernando de continuo en nuestro pueblo. Primero Alonso, después Lambán y ahora su sucesora. No ha sido una alternancia, sino una herencia, acompañada de colócame a mi pareja, a mi marido, a mi primo y a mi amigo, claro. La vara de mando ha pasado de mano en mano dentro de la misma casa, como se pasan las tierras de padres a hijos. Una generación entera de ejeanos ha nacido, ha crecido, ha emigrado y ha vuelto de vacaciones sin ver otra cosa.

Vilas dice que donde no hay límites de tiempo la democracia se degrada, la corrupción se impone y la decadencia campa. Ejea es la prueba. Cuando un mismo grupo controla durante décadas el Ayuntamiento, la agrupación local y casi todo lo que se mueve, deja de gobernar para el pueblo y empieza a gobernar para conservarse.

Todo se mide con la misma pregunta: ¿esto nos da votos?

Miremos alrededor. Del Gobierno central no llega ni una inversión. Del Gobierno de Aragón, tampoco. Lo que sí llega son las migajas de la Diputación Provincial de Zaragoza, que sirven para asfaltar una calle y hacerse la foto, pero no para crear prosperidad.

La inversión privada mira hacia otros municipios, porque aquí nadie ha sabido o nadie ha querido abrirle la puerta. Nuestros servicios técnicos son tan incompetentes que en oportunidades, ven trabajo, así pues, lo desdeñan. Si alguien osa traer un proyecto lo expulsan o aun peor, lo ignoran, con la connivencia de un equipo de gobierno cada vez menos equipo y cada mes con menos gobierno.

Mientras tanto, los pueblos de similares características avanzan y claramente nos superan en renta, en condiciones y en oportunidades y Ejea, cada vez más quieta y más vieja se va quedando atrás.

Lo que sí esta crecido en el propio Ayuntamiento es el clientelismo asociado a años de poder. Muchos vecinos se preguntan, en voz baja porque aquí todo se sabe, cuántos de esos puestos se han ganado por mérito y cuántos se deben a la cercanía, a la adulación, al carné o al ¿parentesco de los concejales? Cuando el mayor empleador del pueblo es el mismo que pide el voto, la libertad para votar otra cosa se vuelve muy cara.

Ni siquiera dudo de la legalidad, pero no es ético. Atarse al poder durante décadas, cerrar el paso a cualquiera que no pertenezca al círculo y confundir el pueblo con el patrimonio del partido no es servir a Ejea. Es servirse de Ejea.

Vilas lo resumía así: «Ocho años y a tu casa». En Ejea ya van treinta y cinco. Ya va siendo hora.

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