Carta Pública De Cruz Díez a Antonio Herranz
Querido Antonio:
Permíteme que te escriba estas líneas con la serenidad que da el afecto verdadero y con la firmeza que exige la justicia. No lo hago movido por el ruido del momento ni por el ánimo de confrontación con nadie, sino por una necesidad más profunda: la de dejar constancia de aquello que ha sido injustamente silenciado y de colocar la palabra allí donde otros han elegido el vacío.
Hay aniversarios que deberían ser celebraciones de la memoria compartida y no ejercicios selectivos de recuerdo. Un centenario, por su propia naturaleza, exige una mirada amplia, honesta y generosa, capaz de reconocer los cimientos sobre los que hoy se levanta una institución como UGT-Ejea. Cuando esa mirada se estrecha y se vuelve interesada, deja de ser memoria y se convierte en relato impuesto.
Durante treinta y tres años, Antonio, dedicaste tiempo, inteligencia, esfuerzo y una parte esencial de tu vida a esa entidad que se ha engalanado para celebrar su historia. No fueron años de tránsito ni de mera administración: fueron años de construcción paciente, de consolidación, de crecimiento y de dignificación. Bajo tu responsabilidad, la institución alcanzó su máxima expresión, no como un logro personal, sino como un bien colectivo realizado entre muchos compañeros y del que hoy otros se benefician.
Por eso duele —y no poco— comprobar que, en una fecha llamada a honrar la trayectoria completa, se haya optado por obviar tu nombre, tu presencia y tu legado. No se trata de un olvido casual ni de un descuido menor. Cuando alguien que ha sostenido durante décadas el timón es deliberadamente apartado del acto conmemorativo, el gesto adquiere un significado moral que no puede ignorarse.
La verdad no desaparece, espera
La historia, bien lo sabemos, suele escribirse desde el poder del presente. Pero también sabemos que la verdad no desaparece porque se la oculte, solo espera. Espera en la memoria de quienes vivieron los hechos, en las acciones que permanecen, en los frutos visibles de un trabajo bien hecho en favor de los trabajadores de Ejea y Comarca. La verdad, como las raíces profundas, no necesita aplausos para seguir sosteniendo el árbol.
Resulta especialmente triste que este silenciamiento responda a rencillas personales y afinidades políticas coyunturales, a la incomodidad que genera quien no se pliega ni adorna discursos ajenos. Convertir una celebración colectiva en un ajuste de cuentas es empobrecerla, y reducir la historia de una institución a la conveniencia del presente es una forma sutil —pero grave— de injusticia.

Quiero que sepas, Antonio, que tu ausencia forzada no te empequeñece. Al contrario: pone en evidencia la fragilidad moral de quienes confunden el cargo con la razón y el protocolo con la verdad. Tu tarea no necesita invitaciones para existir, ni homenajes oficiales para ser reconocida por quienes sabemos mirar con honestidad.
Esta carta pretende evitar que el silencio se normalice. Porque callar ante una injusticia, aunque sea envuelta en música y discursos solemnes, es contribuir a que se repita. Y porque la amistad, cuando es verdadera, también consiste en alzar la voz con respeto y afecto.
Ojalá algún día la institución que ayudaste a levantar sea capaz de mirarse al espejo sin miedo y de reconocer, con la naturalidad que da la verdad asumida, a quienes hicieron posible su grandeza. Hasta entonces, quédate con lo esencial: la dignidad de una época de tu vida entregada a una causa, el respeto de quienes conocemos la historia completa y el reconocimiento sincero de quienes no confunden la historia con el poder.
Con profunda admiración, gratitud y amistad sincera,
Cruz Díez
Totalmente de acuerdo los que transitamos el camino desde que empezo compartiendo como afiliado de la comarca comites provinciales y regionales durante tantos años es una verguenza que los que llevan menos años de afiliacion y sin cargos en ugt impongan unas condiciones sin saber la histioria y las personas que han hecho posible los 100 años