Un asco insoportable

Ancianos ocupacion

La Izquierda Radical: Empatía Cero para los Que No Aplauden Su Dogma

Hace unos días, en un programa de televisión, España vio en directo lo que ya sospechábamos: la izquierda radical no tiene corazón cuando la víctima no encaja en su guion ideológico. Un matrimonio de ancianos, con una pensión miserable de 900 euros, explicó con voz temblorosa cómo una inquilina dejó de pagarles el alquiler casi desde el primer día y, para colmo, nunca traspasó los contratos de luz, agua y calefacción. Resultado: los propietarios, dos jubilados que habían ahorrado toda una vida para complementar su ridícula pensión con esa renta, ahora pagan los consumos de quien los está robando.

Ironías de la vida, toda su vida ahorrando en calefacción y apagando luces para ahora tenerle que pagar los suministros a su ocupante.

Frente a ellos, la representante de Sumar ó IU, o sea, los socios de la alcaldesa Teresa Ladrero. Fría, calculadora, sin un ápice de humanidad. Ni una palabra de consuelo, ni un gesto de comprensión. Solo el discurso mecánico de siempre: “hay que proteger a los vulnerables”. ¿A cuáles? Evidentemente, no a estos ancianos. Ellos no cuentan. No votan lo suficientemente a la izquierda, o ya no votan como antes (los afectados se declararon antiguos votantes y simpatizantes del psoe e IU o Podemos). Son “pequeños propietarios”, esa categoría que para esta gente equivale casi a delincuentes. Da igual que sean dos personas mayores que trabajaron décadas, que renunciaron a caprichos, que apretaron el cinturón para tener un pequeño colchón en la vejez. Para la izquierda radical, solo merecen empatía los que repiten su catecismo.

Esos ancianos podrían ser nuestros padres. O nosotros mismos dentro de unos años. Personas que creyeron en el esfuerzo, que pagaron impuestos toda la vida, que pensaron que una propiedad modesta les daría algo de seguridad. Y ahora descubren que, para ciertos políticos, su sufrimiento es un daño colateral aceptable en la guerra contra la propiedad privada.

Dogmatismo, hipocresía y envidia

Esa es la verdadera cara de esta izquierda que repugna: una mezcla tóxica de dogmatismo, hipocresía y envidia mal disimulada. Detestan todo lo privado… mientras viven como burgueses de lujo. Gritan contra los colegios concertados y privados, pero llevan a sus hijos a los más caros y exclusivos. Pablo Iglesias e Irene Montero, iconos de la nueva izquierda, compraron un chalet de 800.000 euros en Galapagar con piscina y parcela de 2.000 metros. Antes habían denunciado que “tener un chalet” era incompatible con defender a los trabajadores. Cuando les tocó a ellos, desapareció la incoherencia. De repente, el chalet ya no era símbolo de privilegio, sino “una necesidad familiar”.

Hipocritas redomados

Defienden la ocupación como “derecho de los vulnerables”… hasta que les ocupan a ellos o a alguien cercano. El propio Iglesias, que en 2017 decía que “okupar es un acto de justicia”,  cambian de opinión tan pronto les afecta a ellos, véase el famoso actor Daniel Guzman, otrora gran defensor de la ocupación hasta que una de sus propiedades fue ocupada, ya no le hizo tanta gracia, en Ejea también tenemos ejemplos, de izquierdistas redomados que se han llegado a tapiar completamente sus segundas viviendas heredadas. Ya veis, de pronto, la ocupación ya no es tan bonita cuando le toca a uno por muy de izquierda que sea. Lo que vale para los demás no vale para ellos.

Envidian la prosperidad ajena con un rencor que roza lo patológico, pero jamás emprenden, jamás arriesgan, jamás crean riqueza. Prefieren vivir pegados al presupuesto público, ese dinero que otros generan. Son incapaces de sobrevivir en el sector privado porque, fuera de la política y sus aledaños, su utilidad es cercana a cero. Necesitan el sueldo público, el coche oficial, el asesor, la subvención. Sin eso, se desorientan. Por eso demonizan la riqueza… hasta que la alcanzan. Entonces se callan y disfrutan.

Esta izquierda no razona, dogma. No dialoga, impone. No empatiza, castiga. Y cuando alguien como esos ancianos se atreve a mostrar su dolor sin pedir permiso ideológico, la respuesta es el desprecio helado de quien se cree moralmente superior.

Es hora de decirlo sin rodeos: esta gente no defiende a los débiles. Defiende su poder. Y para mantenerlo, está dispuesta a pisotear a jubilados indefensos, a pequeños ahorradores, a cualquiera que no se arrodille ante su verdad revelada. Aquí en Ejea el mejor ejemplo lo tenemos en los socios del Psoe local de Teresa Ladrero, que han traicionado a sus propios votantes los regantes de los pueblos de colonización que los han dejado a los pies de los caballos con la modernización de los regadíos, si han traicionado a sus padres, que no harán con los demás.

Por cierto el propio progenitor de la gran defensora de la modernización de los regadíos se quejo en publico de las actuaciones de la modernización de los regadíos y como le afectaba y que intenta vender sus tierras, aunque una persona le afeo su comentario, «pues tienes en casa la culpable, pídele explicaciones a ella» más ironía ya no cabe.

España merece algo mejor que esta secta envidiosa y sin alma. Merece políticos que miren a unos ancianos estafados y sientan rabia por la injusticia, no indiferencia ideológica. Porque si mañana nos toca a nosotros, ya sabemos que para ellos no seremos más que “daño colateral”.

Y eso, queridos ejeanos, es imperdonable.

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