Ceuta, el abandono y el socialismo que se olvida de la gente
Hoy Ceuta vive bajo una presión insoportable, y desde el gobierno actual se gestiona con debilidad y sin carácter, con propaganda y con silencios que se alargan hasta volverse cómplices. Nadie sabemos que debemos a este estado Marroquí para consentirle semejante infamia.
Ceuta no pide guerra, pide que alguien la defienda
El 30 de julio se produjo una entrada masiva de personas a través de la frontera de Ceuta. No fue un incidente aislado ni una anécdota fronteriza: fue, otra vez, la demostración de que Marruecos es el jefe en el estrecho y de que el Gobierno español responde tarde, mal y de perfil.
Un mes después, más de 260 municipios de toda España se han visto obligados a convocar concentraciones este 2 de septiembre, coincidiendo con el Día de Ceuta, para gritar lo que debería ser evidente: que 85.000 ceutíes no pueden quedar solos sosteniendo una frontera que es de todos los españoles.
La sociedad civil tiene que organizarse municipio a municipio, plaza a plaza, para suplir lo que debería ser una política migratoria y exterior firme. No hablamos de cerrar la puerta a nadie con derecho a protección; hablamos de que un país no puede permitir que un tercer estado autocrático, sin las garantías democráticas ni las libertades que exigimos puertas adentro decida cuándo y cómo se salta una frontera europea, y que la respuesta de nuestro propio Gobierno sea, una vez más, la deferencia diplomática antes que la defensa de los ciudadanos que viven ahí.
Marruecos nos gana en todo, ellos matan a 100 personas que empujan al mar y no tienen opinión publica que critique el hecho, El rey de Marruecos mata de hambre a sus súbditos y somos nosotros lo que tenemos que sentirnos culpables de que su nivel de vida sea bajo.
¿Combatir un sátrapa desde un punto de vista occidental y democrático? No se puede, la partida esta perdida.
Si no somos capaces de ejercer la violencia, no te confundas, no somos pacíficos somos inofensivos (por no decir somos estupidos). No confundamos individuos con colectivos, al individuo si hay que darle de comer y beber, hay que atenderlo, también habrá que alojarlo dignamente, pero no así al colectivo, a este colectivo de invasores en su conjunto habrá que combatirlo con fuerza mayor de la que ellos utilizan para violentar e invadir, aplicando poder si es necesario, para eso esta un estado, para eso le damos el poder de coacción, para que se use, si no, no seria un estado, el individuo tiene un interés legitimo en mejorar su vida pero no a costa de pisotear nuestro interés en mantener la nuestra.
España tiene medios, tiene instrumentos diplomáticos, económicos y de seguridad de sobra para hacer valer sus fronteras. Lo que falta no es capacidad: es voluntad. Y esa falta de voluntad de este gobierno repugna hasta la saciedad

No todo el socialismo mira para otro lado
Generalizar sería tan injusto como el silencio que denunciamos. De los más de 260 ayuntamientos que se han sumado este 2 de septiembre a la movilización «Por Ceuta», muchos están gobernados por el PSOE. Alcaldes y alcaldesas socialistas que han entendido que este no es un acto de ataque partidista sino, como han repetido los propios organizadores, «un acto pacífico y de la ciudad, no una campaña». Hay ayuntamientos socialistas, de toda condición y tamaño que han cedido su plaza mayor, su balcón consistorial y su altavoz institucional para que sus vecinos puedan decir, alto y claro, que Ceuta no está sola.
Había un socialismo que sigue siendo el de la calle, el que se manchaba los zapatos yendo casa por casa, el que entendía que representar a un pueblo es a veces llevarle la contraria a tu propio partido cuando tu partido se equivoca. Y hay otro socialismo, el actual, el más reciente, más cortesano, que ha aprendido a medir cada gesto en función de lo que le cueste o le beneficie a las personas que lo dirigen, el que se ha simbiotizado con la indigencia mental de la extrema izquierda y sus satélites como CHA, Sumar, podemos, EHbildu, ERC y demas patulea, creando un ambiente irrespirable y contaminado del que la gente normal tenemos que huir.
El caso de Ejea: cuando el cargo importa más que la coherencia
Yo he vivido esa transformación de cerca, en Ejea de los Caballeros. Mientras Javier Lambán el líder que se atrevía a discrepar de Ferraz cuando creía que Ferraz se equivocaba seguía entre nosotros, la actual alcaldesa se significaba con firmeza contra Pedro Sánchez. No hablo de matices ni de medias tintas: hablo de una alcaldesa que, según recuerdo y como recuerdan otros militantes de la agrupación, llegó a llamar personalmente a compañeros del partido para pedirles que no votaran a Pedro Sánchez.
Y sin embargo, desde que Lambán ya no está para marcar el paso, esa misma persona se ha convertido en una defensora sin fisuras de las mismas posturas que antes combatía. El cambio no ha venido acompañado de una explicación pública, ha venido acompañado de silencio y de una alineación cada vez más cómoda con la dirección federal para agarrarse al puesto.
La coherencia se mide en los momentos difíciles, no en los cómodos, y este 2 de septiembre con Ceuta pidiendo que España le ayude es exactamente uno de esos momentos en los que un ayuntamiento revela de qué lado está: del lado de la gente, o del lado del partido.
Un socialismo que ya no representa a la mayoría de los socialistas
Escribo esto en nombre de un socialismo ejeano que siento traicionado y que ha desaparecido. Creo en una visión social y moderna pero práctica, que cree en el Estado de derecho, en la firmeza frente a quien no respeta las fronteras europeas, en la defensa de los territorios más vulnerables pero sobre todo en la honestidad de no cambiar de chaqueta cada vez que cambia el jefe.
Ese socialismo existe todavía, y se vera este 2 de septiembre en cientos de plazas de toda España, con alcaldes y alcaldesas del PSOE al frente de la concentración, no así en Ejea que ignoraran la marcha. Aquí veremos el otro: el que ha aprendido que la disciplina de partido da más réditos que la coherencia, el que prefiere la comodidad del cargo a la incomodidad de la verdad, el que ayer llamaba a no votar a Sánchez y hoy es más sanchista que nunca porque ya no queda nadie que le recuerde lo que decía antes.