Mucha propaganda y ninguna eficacia

Boalares, Moncayuelo y los 18.000 euros que no apagan nada

El Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros ha anunciado con orgullo una inversión de 18.000 euros para desbrozar hierbas secas en siete calles del municipio: Cuesta de la Llana, las escaleras de acceso, Sol y Zabia, Escaleras Sur Cuco, Cuesta de la Fuente (este y oeste) y Calle del Agua. En total, 27.000 metros cuadrados de matojos rasurados en pleno agosto, con el termómetro rozando los cuarenta grados y la tierra convertida en yesca.

La foto para la prensa local y para la subsidiada Cadena Ser ya está hecha: el consistorio «actúa» contra el riesgo de incendios. El problema es que, más allá del titular, esta actuación tiene un efecto casi nulo sobre el riesgo real que corre Ejea.

Tenemos bosquetes maravillosos como los de Boalares o Moncayuelo, y otros, masas forestales nacidas del Plan Ceballos, aquel proyecto de posguerra que planteaba tres fases: plantar pino carrasco (Pinus halepensis) para cubrir un territorio devastado, podarlo después para dejar entrar la luz, y finalmente introducir especies autóctonas hasta lograr un ecosistema mediterráneo maduro y resiliente. De esas tres fases, en Ejea —como en casi toda España— solo se ejecutó la primera.

Ochenta y siete años después seguimos teniendo pinares densos, sin podar, sin claros, cargados de combustible seco desde el suelo hasta la copa. Eso sí que es una bomba de relojería, no unas hierbas en una cuesta urbana.

Desbrozar aceras y taludes secos en verano no evita un incendio forestal; en el mejor de los casos limpia el paisaje visual de unas calles. Es una medida cosmética, hecha además en el peor momento posible: en pleno estío, con la vegetación reseca y máquinas desbrozadoras que generan chispas trabajando junto a zonas de riesgo. Si de verdad se quisiera limpiar malas hierbas con sentido, se haría en primavera, cuando la vegetación aún está verde y el trabajo tiene sentido preventivo real.

Incluso una quema controlada, bien planificada y con los debidos permisos, sería más eficiente y barata que tirar de desbrozadora en agosto.

Lo urgente, lo que de verdad protegería al pueblo y protegería nuestros espacios, es actuar sobre los bosquetes que nos rodean. Empezar la poda que el Plan Ceballos dejó a medias: sacar leña, abrir huecos entre los pinos, romper la continuidad del combustible.

Suelos muertos con una sola especie de planta
Abramos espacios y que la naturaleza haga el resto

Esa intervención dejaría que la luz entrara y que la propia naturaleza hiciera el resto, colonizando esos claros con especies más resistentes al fuego. No hace falta ni gastar en repoblaciones con autóctonas si no hay presupuesto: basta con abrir el bosque y dejar que la sucesión ecológica trabaje sola.

«Lo que no puede seguir es la inacción disfrazada de gestión»

Mientras tanto, el discurso municipal se limita a la propaganda: mostrar a los vecinos que «se está haciendo algo» frente a los incendios que azotan las Cinco Villas, sin planificación, sin criterio técnico y sin atacar el problema de fondo.

Es una gestión de titular, no de bosque. Y el fuego, cuando llegue de verdad a Boalares o Moncayuelo, no va a distinguir entre quien desbrozó una acera en agosto y quien no hizo nada.

Actuar profesionalmente, en nuestros bosquetes sobre todo en Boalares, es la única forma de no tener que lamentarnos después, cuando ya no quede nada que gestionar y haya que empezar otra vez desde cero, como en 1939.

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