Las Tanatorios

En Ejea, desde hace años, circula con cierta sorna popular un apodo tan duro como revelador: “las tanatorios”. No es un término que nos agrade especialmente, porque detrás de cada velatorio hay dolor auténtico, familias rotas y silencios que merecen respeto. Pero quizá precisamente por eso conviene reflexionar sobre lo que significa. En política hay gestos que nacen de la convicción y otros que parecen responder a una calculadora electoral.

Acudir a acompañar a una familia en un momento de pérdida puede ser un acto noble. Estar presente cuando un vecino atraviesa una de las situaciones más difíciles de su vida forma parte también de la dimensión humana que debería acompañar a cualquier responsabilidad pública. El problema aparece cuando ese gesto deja de ser acompañamiento y pasa a convertirse en estrategia.

Porque, según nos trasladan personas próximas a quienes practican esta particular “militancia funeraria”, existe incluso cierta decepción interna: parece que acudir sistemáticamente a tanatorios, funerales y despedidas ya no “renta” electoralmente como antes. Vaya contratiempo. Resulta que los vecinos han empezado a distinguir entre la cercanía sincera y la presencia calculada. Qué ingrata puede llegar a ser a veces la realidad.

Y es que la ciudadanía no es ingenua. La gente percibe cuándo alguien acude porque siente el deber humano de acompañar y cuándo aparece porque considera que un pésame puede transformarse en un puñado de votos. El afecto verdadero no necesita escenografía, ni exhibición, ni presencia obligatoria en cada fotografía emocional de un municipio.

Quizá lo más triste de todo no sea el mote. Lo verdaderamente preocupante sería confirmar que algunos han entendido el sufrimiento ajeno como un espacio de rentabilidad política. Porque entonces el dolor de las familias dejaría de ser un momento íntimo para convertirse en una especie de acto de campaña silenciosa.

Desde ASIEJEA creemos que la política local debe recuperar algo esencial: autenticidad. Hay que acompañar cuando se siente, no cuando conviene. Hay que estar cerca de los vecinos durante toda la vida del municipio, no únicamente en los momentos donde el impacto emocional puede traducirse en notoriedad pública.

Y, desde luego, convendría recordar algo elemental: las condolencias no son una inversión electoral. Son, o deberían ser, simplemente humanidad.

3 comments
  1. Son de un patético que asusta. Y cuando no les dejan ir al tanatorio por que la familia se lo impide con un caso reciente que no nombro por respeto, se enfadan y se revuelven como lagartas

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