Como concejal de ASI Ejea en el Ayuntamiento e integrante del Consejo de Festejos, me siento en la obligación de COMPARTIR UNA REFLEXIÓN que cada vez resuena con más fuerza entre nuestros vecinos: las Fiestas Patronales en honor a la Virgen de la Oliva, que durante años han sido motivo de orgullo y celebración para todos los ejeanos, necesitan una profunda REVISIÓN Y ADAPTACIÓN a los tiempos actuales. Los tiempos cambian, las fiestas también deberían.
Es innegable que estas festividades tienen un significado especial para los ejeanos. Son días en los que las calles se llenan de vida, en los que se recuperan tradiciones y en los que, durante nueve días, todos dejamos de lado nuestras preocupaciones cotidianas para rendir homenaje a nuestra patrona y disfrutar con amigos y familiares. Sin embargo, también es innegable que LOS TIEMPOS HAN CAMBIADO, al igual que las costumbres, las necesidades y, sobre todo, las expectativas de la ciudadanía.
Nuevas necesidades, nuevos horarios
Las necesidades y gustos de los ejeanos no son los mismos que hace 20 o 30 años. Las nuevas generaciones, especialmente los jóvenes, tienen FORMAS DISTINTAS DE DIVERTIRSE, horarios diferentes y una demanda creciente de propuestas más diversas e inclusivas. Mientras que para algunos vecinos las actividades tradicionales siguen siendo una fuente de orgullo y satisfacción, para otros, especialmente los más jóvenes, la programación actual resulta insuficiente, poco atractiva y, en algunos casos, incluso ajena a sus intereses.

Los tiempos cambian, las fiestas también deberían.
Desde hace años, observamos un patrón repetitivo en la organización de los actos festivos. La estructura de la programación sigue siendo prácticamente la misma, con apenas variaciones. Y si bien esto puede ser reconfortante para algunos, lo cierto es que para muchos otros se ha convertido en motivo de insatisfacción.
LA JUVENTUD, por ejemplo, ha expresado en múltiples ocasiones su descontento con los horarios y formatos de las actividades, que no responden a sus formas actuales de diversión ni a sus horarios. Esto no es simplemente una cuestión de preferencias, sino de ADAPTARSE A UNA NUEVA REALIDAD SOCIAL que ya no es la misma que hace veinte o treinta años.
Uno de los problemas más recurrentes es EL HORARIO DE LOS EVENTOS. Los jóvenes de hoy no viven según los mismos ritmos que sus padres o abuelos. Las actividades nocturnas, que suelen ser el centro de la diversión para muchos, a menudo comienzan demasiado temprano o se interrumpen cuando apenas están comenzando. Esto no solo genera insatisfacción, sino que propicia aglomeraciones en horarios donde la seguridad y el orden público son más difíciles de mantener.
El Casco Antiguo a revisión
Asimismo, los vecinos del CASCO ANTIGUO, quienes soportan el peso de una gran parte de los eventos, llevan años señalando los problemas derivados de la aglomeración, el ruido y la suciedad. Sus quejas, lejos de ser escuchadas y atendidas, parecen ser minimizadas bajo la premisa de que «siempre ha sido así». Pero la realidad es que la convivencia entre la tradición y el descanso de quienes viven en el centro histórico es cada vez más tensa, y no debemos esperar a que esta situación se deteriore aún más para actuar.
Limpieza de las fiestas
La limpieza, por su parte, es otro de los puntos críticos que se repite año tras año. No es de recibo que, después de cada noche de festejos, las calles amanecen en un estado lamentable, afectando no solo la imagen de nuestra ciudad, sino también la calidad de vida de quienes aquí residimos.

Es por todo lo anterior que resulta imperativo comenzar un proceso de cambio integral en la programación de nuestras fiestas. Un cambio que, lejos de eliminar nuestras tradiciones, las revitalice, adaptándolas a las nuevas realidades sociales.
Hay que escuchar a los jóvenes
Necesitamos escuchar a los jóvenes, entender sus necesidades y buscar fórmulas que permitan su participación activa y entusiasta.
Debemos ser sensibles a las demandas de los vecinos del Casco Antiguo, buscando un equilibrio que permita disfrutar de las fiestas sin sacrificar el bienestar de quienes allí viven. Y, por supuesto, es necesario repensar la gestión de la seguridad y la limpieza para evitar que, cada año, nos enfrentemos a los mismos problemas.
Las Fiestas de la Virgen de la Oliva deben seguir siendo un referente de alegría y unidad en Ejea, pero no podemos permitir que sigan ancladas en un modelo que ya no responde a las expectativas y necesidades de la mayoría. Es momento de que desde el Ayuntamiento, con la participación de todos los sectores involucrados, trabajemos en la construcción de unas fiestas más inclusivas, más seguras y, sobre todo, más acordes a los tiempos que vivimos.
El cambio no es solo necesario, es inevitable si queremos que nuestras Fiestas Patronales sigan siendo motivo de orgullo para las futuras generaciones de ejeanos.