AsiEjea con los agricultores

Todos los agricultores españoles y en particular los de las Cinco Villas se van a enfrentar a desafíos únicos en estos tiempo que les ha tocado vivir. Están marcados por la globalización, un cuestionable cambio climático y la necesidad de los tiempo de una agricultura sostenible. AsiEjea con los agricultores

Reivindicaciones de nuestros agricultores

Estas abarcan una amplia gama de temas que son cruciales tanto para la viabilidad de su modo de vida como para la sostenibilidad de sus explotaciones. A continuación, se destacan las principales demandas y reivindicaciones de estos agricultores, poniendo especial atención a las preocupaciones de nuestros agricultores locales y por ende españoles.

 

1. Precios Justos y Estables

Los agricultores han luchado durante siglos por obtener precios justos y estables para sus productos, que al menos cubran los costos de producción y les permitan mantener un nivel de vida digno. En Ejea, esta demanda es particularmente fuerte entre los productores cerealistas, como el maíz, el trigo, la cebada o el arroz. Además, aunque en menor medida, también se manifiesta con fuerza en los frutos secos y, lamentablemente la hortaliza, prácticamente ha desaparecido de las explotaciones.

 2. Regulaciones y Políticas de Apoyo

Tanto en España como en el resto de Europa, los agricultores solicitan regulaciones y políticas que apoyen el sector agrícola local. Esto incluye reformas en la Política Agrícola Común (PAC) de la UE, para que sea más equitativa y favorezca a los pequeños y medianos productores, y no solo a las grandes explotaciones. También se busca limitar la burocracia, que a menudo hace que su trabajo sea tedioso e insostenible.

Un ejemplo concreto es el uso del barbecho. Para los agricultores, el barbecho es un legado de generaciones, y nadie tiene que explicarles cómo hacerlo, cuándo hacerlo o de qué manera. Sin embargo, a veces los burócratas intervienen y dictan que se debe cultivar lo que no produce y dejar en barbecho lo que sí lo hace. Esto va en contra del sentido común que los agricultores han aplicado durante milenios, y es motivo de frustración y descontento.

3. Protección frente a Importaciones

Los agricultores españoles han expresado su preocupación por las importaciones de productos agrícolas de países con normativas menos estrictas en materia de sanidad, seguridad alimentaria y medio ambiente. Reclaman medidas de protección que aseguren una competencia leal, como aranceles o cuotas a productos importados que no cumplen con los estándares europeos.

En resumen, proponen aplicar cláusulas espejo, que establezcan las mismas condiciones de cultivo para los cultivos importados. Por ejemplo, el arroz, un cultivo fuertemente implantado en Ejea, bien asentado y en tierras difíciles, está en clara regresión. Nuestros agricultores no pueden utilizar prácticamente ningún tipo de herbicidas, mientras que el arroz importado no tiene limitaciones de uso. Esto podría llevar a que en pocos años se hable del arroz como «aquel cultivo que hubo un día y que era tan bueno, pero ya no existe

4. Acceso a Recursos y Tecnología

El acceso a recursos como el agua y a tecnologías innovadoras es vital para la modernización y sostenibilidad de la agricultura. Los agricultores ejeanos piden políticas que aseguren una buena distribución del agua, pensada no solo para el gran agricultor, sino para que la pequeña explotación agrícola pueda subsistir. No se reniega de los grandes latifundios empresariales, también están muy bien, pero sin obviar al pequeño agricultor, favoreciéndolo con tratamientos fiscales diferenciados o con políticas de discriminación positivas

5. Reconocimiento del Papel Social y Ambiental

Finalmente, los agricultores reivindican un reconocimiento de su papel fundamental en la preservación del medio ambiente y el mantenimiento de las zonas rurales. Solicitan que este papel sea reconocido y compensado adecuadamente, a través de políticas que valoren los servicios ecosistémicos que proporcionan, como el mantenimiento de la biodiversidad, la protección del paisaje y la prevención de la desertificación.

En definitiva, piden “respeto”. Gracias a ellos comemos, nos vestimos e incluso disfrutamos de su esfuerzo. No hay mejor jardinero que un agricultor, no hay mejor modelador de paisaje que un agricultor, no hay mejor urbanista que un agricultor. Sin agricultores, habría vida, pero no como actualmente la conocemos, y sin duda, una vida mucho más difícil que la que tenemos ahora.

Estas demandas reflejan de forma resumida la complejidad de la agricultura en el siglo XXI y la necesidad de políticas que equilibren la producción alimentaria con la sostenibilidad ambiental y la justicia social.

Los agricultores, a través de sus reivindicaciones, buscan asegurar un futuro viable para la agricultura, que es esencial no solo para su supervivencia, sino también para la de las sociedades que alimentan. Solo por puro egoísmo nos interesa mantenerlos, respetarlos y protegerlos. ¡Apoyémoslos!

 

La agricultura local

 

La agricultura local representa el corazón de nuestras comunidades. Al apoyar a los agricultores de nuestra región, fomentamos una red de producción y consumo que beneficia no solo el medio ambiente, sino también la economía local.

La proximidad de los productores a los consumidores reduce significativamente la huella de carbono, si lo que nos preocupa es el medio ambiente aquí tenemos otra gran razón, asociada al transporte de alimentos, contribuyendo así a la lucha contra el cambio climático.

Biodiversidad

Además, la agricultura local preserva la biodiversidad mediante el cultivo de variedades de plantas adaptadas a las condiciones locales, en lugar de monocultivos intensivos que son mucho más propensos a plagas y enfermedades.

Desde una perspectiva económica, invertir en agricultores locales significa mantener el dinero dentro de la comunidad, promoviendo el desarrollo de empleos y fortaleciendo la economía regional. A diferencia de las grandes cadenas de suministro internacionales, los sistemas de agricultura de cercanía ofrecen una mayor transparencia, permitiendo a los consumidores conocer el origen de sus alimentos y las prácticas de cultivo utilizadas.

Ya hemos hablado de las diferencias en las regulaciones sanitarias y medioambientales que pueden resultar en la llegada de productos que no cumplen con los estándares locales de calidad y seguridad. Además, la larga cadena de suministro incrementa la vulnerabilidad ante las fluctuaciones del mercado global y las interrupciones logísticas, como se vio en la crisis del Covid.

Ni que decir tiene que una nación es soberana porque puede importar lo que necesite, pero también está en la obligación de producir todo aquello que pueda. No podemos tirar el conocimiento de generaciones a la basura porque fuera de nuestras fronteras el trigo o la cebada sea unos céntimos más barato.

Seguridad alimentaria

La seguridad alimentaria de una nación es sagrada. Si los incompetentes políticos que nos gobiernan no lo entienden, se merecen el mayor de los ostracismos. Claro que hay que escracharlos, salir a la calle, llenar las carreteras de tractores y hacer lo que sea necesario para revertir este orden impuesto. Esto es por vuestro bien, pero también por el nuestro.

Y para finalizar, quiero destacar que el apoyo a los agricultores locales es también un acto de preservación cultural. La agricultura de cercanía mantiene vivas las tradiciones agrícolas regionales y fomenta una conexión más profunda con nuestra herencia. Esta conexión enriquece nuestra cultura y fortalece el sentido de comunidad y pertenencia.

 

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