Feria de Ejea: LA FARSA QUE NOS HACE CREER QUE TODO VA BIEN
Hace casi dos décadas, nuestro pueblo decidió lanzarse a la aventura de crear una feria de ámbito regional que pusiera a Ejea dentro de un circuito de ferias. ¡Un gran evento!
Pero, como todo en la vida, las buenas ideas se deben alimentar con esfuerzo y dedicación. Y si algo no ha tenido esta feria en los últimos años, es precisamente eso: esfuerzo y dedicación (No hace falta ser muy sabio para darse cuenta de que el único «esfuerzo» que se ve hoy en día es el de los ejeanos huyendo del evento para no sentir la vergüenza ajena que dan nuestros dirigentes locales).
Así pues, la feria de Ejea se ha convertido en un evento tan vacío como la promesa de nuestros políticos de «mejorar las cosas». Hoy, si quieres ver algo que represente a nuestra gente, tendrás que buscarlo entre el puesto de miel, la venta de aceite y algún otro comercio local que se atreve a sumarse a la idea de que se producen en la zona alimentos de calidad. Al menos te vas a casa con algún litro de aceite de calidad y algún tarro de miel que en invierno siempre viene bien tener en casa para coger fuerzas.
Escasez de expositores y abundancia de instituciones
La feria ha pasado de ser un escaparate del mejor comercio y empresas de nuestra comarca, a un muestrario de stands institucionales, empresas públicas, representantes de asociaciones y amplios pasillos deshabitados.
Si te apetece algo típico de nuestra tierra, ¡suerte! Porque lo más «local» que verás, salvando las delicatessen locales como el aceite, la miel u otros, serán los globos de colores y los letreros promocionales de instituciones públicas, que no dudan en gastar nuestro dinero para su autobombo pero que no aportan nada a nadie.

Lo peor es que, con el paso de los años, la feria ha pasado de ser una celebración y una exposición a ser una especie de feria de «yo me lo guiso, yo me lo como».
Los responsables de esta desafortunada transformación, los gobernantes locales, deberían reflexionar sobre sus decisiones y cambiar o renovar a los encargados de su gestión, Sofejea. También las asociaciones de comercio y la asociación de empresarios deberían mostrar algo más de dignidad y no participar en tal desastre. ¡Ah! Claro, cómo no, «es un tema complejo», «hay muchos intereses», «no es el momento», «es que la gente ya no quiere participar». Siempre hay una excusa preparada para justificar lo injustificable. Mientras tanto, nuestro pueblo sigue perdiendo su identidad en favor de algo que ni es feria, ni es comarcal, ni es agrícola, ni tiene nada que ver con lo que debería ser.
Y claro, luego de ver a los dirigentes locales hacerse la foto delante de un patético stand, sonriendo en sus fotos, con el evento marchando de maravilla según su punto de vista. En su mundo, todo está «casi bien».
Han dejado morir lo que debería ser un escaparate de lo mejor de nuestra tierra
Dejadez organizativa
Algún organizador se ha pasado por los puestos de fuera para preguntarles cómo les ha ido, si están contentos, si les ha valido la pena. Saben los organizadores el descomunal esfuerzo que supone llevar tractores y máquinas, pero nadie de los organizadores se ha preguntado por qué mengua año tras año. ¿No ven que el descontento es generalizado? Tan ciegos están que no quieren verlo. ¿Os vale la pena solo por la foto de la inauguración?
En lugar de dejar que las iniciativas de la gente de a pie florezcan, han permitido que todo se reduzca a una pasarela de banalidades.
Si tuvieran un mínimo de vergüenza, no deberían dudar en dar un paso atrás, reconocer sus errores, dejar que otros recojan el testigo y empezar de nuevo. Porque la feria, como el pueblo, merece mucho más. Pero no esperéis nobleza, ni la hay, para organizarla ni para dejarla.